Prohibida la venta ilegal

En Granadahoy.com podemos leer un interesante texto de José Antonio Montilla sobre la inmigración en España y lo trágico de la entrada. Os lo reproducimos.

Prohibida la venta ilegal.
ASí reza un tautológico cartel a la entrada de una cafetería. ¿A quién se dirige? No, como parece, a los subsaharianos que ofrecen películas piratas. Estos no se detendrán en la puerta para leer algo escrito en un idioma que apenas entienden.
El mensaje va dirigido a la clientela: en este local no les molestarán esos negros que venden películas. Si seguimos en cualquier terraza de verano las reacciones ante el ofrecimiento de ese material falsificado comprobaremos las distintas actitudes ante el inmigrante irregular, desde el racista que lo aleja con desprecio, hasta el que se presta a participar en el negocio, y fomenta con ello las redes mafiosas que lo controlan. A mi me produce, sobre todo, mala conciencia, acrecentada en los últimos días con la tragedia de Canarias. Nos dicen las crónicas que pueden haber muerto ochenta personas, y concluyen con un lacónico “aunque el número exacto no se sabrá nunca”.
¿Se imaginan que en lugar de un cayuco se hubiera hundido cualquier otro barco y los muertos fueran sonrientes turistas, en lugar de tristes inmigrantes? ¿Cuántas imágenes dramáticas hubiéramos visto en televisión?Este es el auténtico problema de la inmigración en España: los seres humanos que están muriendo junto a nuestras costas. En la actualidad, ciudadanos de países pobres son introducidos en España por mafias y los que no mueren en el peligroso viaje ni son devueltos sólo pueden trabajar de forma irregular. Mientras tanto, nos dicen que faltan temporeros en invierno y personal en las zonas costeras durante el verano. ¿Es posible cambiar ese modelo? No es una cuestión de normas. La Ley de Extranjería y el reglamento de 2004 son suficientemente flexibles, con sus contingentes de temporada y el régimen general de contratación, para permitir la llegada de los trabajadores extranjeros que se necesiten. Además, en los últimos años se han firmando acuerdos con los países de origen de los vendedores de películas piratas y las representaciones diplomáticas españolas se han preparado para realizar una labor de intermediación en los procesos de contratación.
Pero falta una concienciación colectiva para afrontar la inmigración de una forma nueva, superando las posiciones tradicionales: ni racismo, ni explotación, ni caridad sino un  modelo migratorio en el que, cual si fuera la vendimia francesa, vengan a España para trabajar y regresen a sus países de origen para contribuir a su desarrollo. Únicamente lamentarían el cambio las mafias que trafican con seres humanos, y los que luego los explotan cuando están en España.

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