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Premio para “el hombre que frenó al desierto”

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El agricultor burkinés Yacouba Sawadogo recibe el reconocimiento de Right Livelihood (el ‘Nobel alternativo’) por haber popularizado una técnica de riego en el Sahel y creado uno de los bosques con más diversidad de la región.

El gurú de la lucha contra la falta de agua 

Yacouba Sawadogo, un campesino burkinés, se asignó en 1974 la misión de replantar su región reintroduciendo el Zaï, un método de cultivo tradicional olvidado.

Un hombre que con su sueño en mente puso freno al éxodo rural y fortaleció el nivel de autosuficiencia alimentaria, es hoy en día un gurú de la lucha contra la falta de agua.

Su meta: restaurar la agricultura en unas tierras áridas afectadas por la desertificación.

40 años más tarde, y después de recibir burlas y críticas, la técnica floreció y fue aplicada en 8 países del Sahel. A la fecha, más de 3 millones de hectáreas de tierras burkinesas estériles han sido rehabilitadas. Pero, ¿cómo fue el proceso?

Premio para “el hombre que frenó al desierto”

Tiene 72 años y es el artífice de un milagro: Convertir tierra estéril en bosque y demostrar cómo los agricultores pueden regenerar su suelo a través del uso innovador del conocimiento local e indígena.

Estas palabras de reconocimiento corresponden a la organización del premio Right Livelihood, un galardón conocido popularmente como el Nobel alternativo.

Han querido distinguir la labor de este pionero al que en la región del Sahel se conoce como El hombre que detuvo el desierto. Así mismo se titula el documental de 2010 que cuenta su historia.

Breve historia

Fue a comienzos de la década de los 80, un periodo en el que su país sufrió una sequía extrema, cuando Sawadogo recurrió a una exitosa técnica de irrigación tradicional.

«No sabría decir exactamente cuántas miles de personas murieron por la sequía, pero fueron muchas. La falta de agua provocó la escasez de alimentos, y muchas dejaron sus hogares para sobrevivir», explicó días antes de recibir en Estocolmo el premio dotado con 97.000 euros.

La población burkinesa abandonó en grandes oleadas hace casi 40 años las áreas rurales para trasladarse a las ciudades en busca de un empleo que les garantizara el sustento.

Sin embargo él optó por viajar en sentido contrario, decidido a resucitar la tierra arrasada por la falta de agua. Tras varias pruebas, encontró la solución en la técnica del zaï.

Técnica del Zaï

Consiste en excavar pequeños pozos (de entre 10 y 20 centímetros de profundidad y 20 y 30 de diámetro) durante la estación seca para luego rellenarlos con residuos agrícolas o estiércol. Después de las primeras precipitaciones, cada pozo se cubre con una fina capa de suelo. En el centro se colocan semillas de sorgo o mijo.

Dicha técnica permite aprovechar mejor el agua y, consecuentemente, mejorar el rendimiento de los cultivos hasta en un 500%. Para sorpresa de quienes dudaban de la idea de Sawadogo -algunos agricultores lo tacharon de loco e incluso llegaron a incendiar sus campos debido al desconocimiento-, el zaï logró transformar unas tierras estériles en un bosque de casi 40 hectáreas donde actualmente conviven 60 especies de árboles y arbustos. O lo que es lo mismo: un bosque de insólita diversidad en una de las zonas más áridas del mundo.

El trabajo de Sawadogo ha sido aclamado tanto dentro como fuera de las fronteras de su país. No hay una semana que no reciba a algún grupo de agricultores interesados en copiar su sistema. «Los grupos suelen ser de unas 10 personas y pasan una semana conmigo para ver en qué consiste el zaï», reconoce. A su encuentro vienen no sólo agricultores locales o de países vecinos, sino también investigadores, ONG internacionales e incluso la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (UNCCD), que en 2013 también reconoció sus esfuerzos en la lucha en este campo.

Un pacificador del centro de África sin haber empuñado jamás un arma

Frente a la amenaza que suponen los cambios en los patrones del clima en los países en vías de desarrollo, como se ha podido apreciar en algunas regiones africanas tras el paso del fenómeno de El Niño en 2015, disponer de un sistema que asegure el abastecimiento agrícola es sinónimo de una sociedad pacífica. La mayoría de los conflictos en las áreas rurales africanas son derivados, precisamente, de la escasez de alimentos y de la lucha por el control de las tierras.

Sawadogo, por tanto, se ha convertido en un pacificador del centro de África sin empuñar jamás un arma. Lo paradójico es que ahora su trabajo se encuentra amenazado por la expansión de la ciudad de Ouahigouya, que ya se encuentra en los límites del bosque. Y ello porque el hombre que detuvo el desierto ha trabajado durante décadas en estas tierras sin importarle no ser su dueño.

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