Entrevista al Cónsul de Argentina en Canarias

La inmigración debe ser Legal

FERNANDO A. FERRER, Tenerife. http://www.eldia.es

Cercano, simpático, agradecido y «argentino», Rubén Buira Martínez
(Corrientes, 1953), cónsul de Argentina en Canarias, simboliza algunos
de los tópicos que normalmente se le atribuyen a esta comunidad. No le
cuesta ni le importa hablar, y eso que no es psicólogo. Le gusta su
trabajo y le apasiona todo lo relacionado con la inmigración, para él
el asunto más importante del siglo XXI y del que tiene profundos
conocimientos.

-Abogado de profesión. Raro que siendo argentino no sea psicólogo, actor o futbolista.

-(Risas) Sí, soy abogado y soy notario también. No soy psicólogo,
aunque los cónsules con el tiempo nos transformamos en algo de eso.

-¿Cuáles son sus orígenes?

-Mis abuelos emigraron al campo, en La Pampa, y allí nacieron mi
padre y sus hermanos. Ellos se dedicaban al campo, eran agricultores y
en La Pampa se dedicaron a la hacienda. Eran de orígenes humildes y
tuvieron la gran oportunidad en Argentina de desarrollarse y de que sus
hijos salieran profesionales, lo cual fue la historia de una Argentina
muy dinámica, muy abierta, porque además era muy necesaria. La historia
de nuestro país va muy ligada a la inmigración, sobre todo europea. En
cuanto a mí, nací en Corrientes, una provincia argentina que está al
nordeste, que limita con Paraguay y Brasil. Es una provincia
guaranítica, pero lamentablemente no soy oriundo, porque mis padres no
eran de Corrientes, nací allí de casualidad. Mis abuelos eran
españoles, de ascendencia navarra y aragonesa.

-¿Cuánto hace que está en Tenerife?

-Pues hace muy poco tiempo, apenas dos meses.

-¿Y cuál ha sido su primera impresión?

-Yo ya tenía una impresión porque cumpliendo funciones en Senegal ya
había estado en Las Palmas y en Tenerife, me había hospedado durante
una semana en el Puerto de la Cruz, y tenía una visión de unas islas
muy verdes, muy agraciadas y muy afortunadas como se llaman. Realmente,
el sur me llamó mucho la atención por su aridez, es un contraste
notorio, es una isla con unos paisajes totalmente multifacéticos, lo
cual la hace muy rica y diversa. Pero lo que más me llamó la atención
de aquella década de los ochenta con respecto a hoy es el notable
desarrollo del turismo y de obra pública. Me llamaron la atención dos
cosas: simplemente por el hecho fáctico de ver ese desarrollo, en el
turismo y sus servicios, y porque muchos de nuestros connacionales que
han inmigrado están imbricados laboralmente en ellos. Están en la
restauración, en la hostelería y también en la construcción.

-Fuera del consulado, ¿qué aficiones tiene?

-En lo personal debo decir y reconocer que siempre me dedico muy de
lleno a mi trabajo. Me gusta mucho todo lo vinculado con las
migraciones porque es un tema del siglo XXI, muy complicado,
multidisciplinario, poco comprendido y muy tergiversado, a veces. Me
interesó desde hace muchos años porque lo consular está íntimamente
ligado con lo migratorio.

-Ha venido a parar a unas Islas que son un foco importante de inmigración. ¿Qué le parece la situación que vive Canarias?

-Pues se trata de una inmigración muy dramática. Estos son flujos
que en realidad se dan en muchísimas fronteras calientes, como en la
mejicana con EEUU, en el Magreb o la que ustedes viven con los cayucos.
Indudablemente noto y veo que es motivo de una discusión y de un
análisis muy profundos en España, lo cual considero muy positivo. Pero
los problemas están en los países de origen: en su pobreza, en su
subdesarrollo, en la falta de calidad institucional y de seguridad, y
en las guerras civiles y no civiles.

«Unos treinta mil»

-¿Cuántos argentinos calcula que hay actualmente en las Islas?

-Pues es muy difícil tener una cifra concreta por distintas razones.
Cuando uno hace una encuesta solicitando a los municipios el
empadronamiento municipal, hay muchos argentinos que son
italoargentinos. Estos son argentinos comunitarios porque tienen
nacionalidad italiana. Después están aquellos argentinos nativos pero
que son españoles por ser hijos o nietos de españoles.
Consecuentemente, en el empadronamiento municipal figuran como
españoles, y cuando uno quiere detectar cuántos argentinos hay aparece
la nacionalidad española y no la argentina. Y luego están los
argentinos que no tienen doble nacionalidad. Si sumamos todos ellos,
más aquellos que han contraído matrimonio y se han nacionalizado, más
los que han pasado una estancia legal de dos años y la han adquirido, y
por tanto ya no son argentinos a los efectos de empadronamiento,
estimamos que somos unos 30.000.

-Usted ejerce de cónsul para todo el Archipiélago, ¿cómo ve la evolución de la comunidad argentina en las Islas?

-Creo que hay distintas etapas de la colonia argentina aquí en las
Canarias. Hay gente que lleva ya 20 años residiendo en las Islas. Estos
son un grupo de profesionales vinculados a la odontología, a la
medicina, a la psicología, a la psiquiatría, al ámbito paramédico, como
los enfermeros. Son gente que llegó en una época en que España en
general y Canarias en particular requerían este tipo de servicios.
Gente que se asentó durante largo tiempo, muy integrada, con hijos que
se han educado en Canarias, que hablan como los canarios y que han
estudiado en la Universidad de La Laguna. Pero no sólo profesionales
universitarios, sino también empresarios. Y luego hay un sector de
emigrantes que llegó a finales de los noventa y principios de siglo,
que es la última etapa de nuestra inmigración, y que tiene que ver con
ese periodo crítico que vivimos y que eclosionó en 2001.

Integración

-¿Cree que la comunidad argentina se está integrando bien en Canarias?

-Sí, yo creo que sí, y no lo digo con demagogia. Realmente creo que
la colonia argentina es una colonia que se está integrando bien. No es
una comunidad conflictiva, es laboriosa porque emigró para trabajar y
para forjarse un futuro, que fue además emigrante por una situación
coyuntural en nuestro país. Y por lo que percibo es una colonia
trabajadora que a lo mejor en sus inicios ha tenido que hacer trabajos
que no eran los suyos en Argentina, y que, poco a poco, han ido
escalando. A lo mejor aquél que tuvo que venir para lavar copas, hoy en
día se pudo integrar en lo que era su labor en Argentina. Y hay otra
gente que aún no se ha podido insertar en su actividad de origen pero
con gran esmero lo está haciendo, inclusive algunos pueden aportar una
pequeña ayuda a su familia.

-¿No cree que los argentinos que llegan a Canarias, y que siguen
consumiendo productos propios de su tierra en vez de probar los de
aquí, están dificultando su propia integración?

-No, porque una cosa no quita la otra, al contrario, yo creo que
juntas enriquecen. Porque ese argentino come mojo y gofio. Además,
nosotros no tenemos cultura del pescado y acá comen cherne. En
definitiva, lo que provoca es un enriquecimiento porque en el medio
local se van aceptando nuevas realidades y a la vez el emigrante si no
se integra sería un suicidio para él.

-Algunos profesores que tratan con alumnos argentinos se quejan de
que estos no cesan de usar vocablos típicos de su país, ¿que le parece?

-Es una de las parcelas donde a lo mejor el inmigrante debe realizar
un esfuerzo para adaptarse. ¡Caramba!, si el profesor me va a calificar
y sabemos que estamos en un medio donde la terminología es diferente a
la nuestra, debemos esforzarnos. Mi idea no es que él se amolde a mí,
sino que como yo soy el visitante trato de facilitar las cosas. Es
preciso esforzarse porque el otro no tiene que hacer el esfuerzo, éste
lo tiene que hacer el que se está integrando.

-Lo que la comunidad canaria echa quizás en falta es que el
inmigrante haga un poco de esfuerzo por adaptarse. En el caso de los
africanos tienen la barrera del idioma, pero en el de los argentinos no
es así.

-Sí, es comprensible y lo comparto. Yo creo que hay que hacer
siempre el esfuerzo, por un problema de educación con el país que nos
recibe.

-Usted que está en contacto continuamente con la población argentina, ¿qué necesidades cree que puede tener?

-Bueno, siempre existe una nostalgia, que está inserta, que lleva un
tiempo porque en todo proceso migratorio no es la primera generación la
que supera la nostalgia, son los hijos. La bisagra está en los hijos,
son estos los que, más que integrarse, se asimilan al medio, porque ya
hablan como el lugar, cambian muchas cuestiones y vienen con un acervo
cultural diferente. Creo que ese es el punto más complicado, el de
superar la nostalgia, que está ligada a una especie de frustración por
haber tenido que emigrar.

Tareas del consulado

-¿La ubicación del consulado en Granadilla responde a que es por esa zona donde se establece la mayor colonia de argentinos?

-Se ha debido a diversos factores. El número uno es que el grueso de
la colonia argentina en Tenerife está en el Sur. El segundo es que las
autoridades del ayuntamiento, muy conscientes de la problemática
migratoria que existe en su zona, entendieron que debían actuar. El
pueblo que recibe la inmigración no es responsable de la misma, pero
cuando ya la recibió tiene el compromiso de propiciar la integración,
la inserción y de limar cualquier tipo de asperezas para que esa
sociedad funcione bien y se amolde. En ese sentido, el ayuntamiento nos
ofreció un comodato con unas oficinas en San Isidro de Abona, por lo
que las autoridades argentinas les están muy agradecidas.

-¿Cuál es el nexo de unión entre dos comunidades tan parecidas como son la española, la canaria, en este caso, y la argentina?

-Lo primero que me impactó después de haber servido en la Península
y de tener antecedentes españoles peninsulares es la diferencia en la
forma de hablar y de ser, incluso hasta en las propias gesticulaciones,
que pareciera que está la gente canaria más cerca de Sudamérica y del
Caribe que de la propia Península. Quizás por eso nos sentimos tan
próximos y no nos cuesta tanto hablar como canarios, no tenemos que
forzarlo, es casi natural.

-Respecto a su labor como cónsul, ¿le ha dado tiempo a plantearse una serie de objetivos en esta nueva etapa que va a cubrir?

-La comunidad argentina en Canarias tenía un problema acuciante en
cuanto a la paralización de sus trámites. El Consulado Argentino
central está en Madrid, por lo que muy pocos podían trasladarse hasta
allí para solucionar sus visados, certificados o matriculas consulares.
Había mucha gente parada con trámites elementales que nadie les podía
resolver aquí. Desde que hemos abierto, tenemos un mínimo de 50 ó 60
personas todos los días. Es un desborde continuo. En este sentido debo
disculparme con las autoridades locales y los demás colegas consulares
porque no he podido hacer las visitas «protocolares» que debía. Pero en
cuanto regularicemos esta situación podré abrirme hacia el mundo.

-Por esta parte, la labor de cónsul podría parecer un poco lejana en
el trato con los recurrentes, ¿o usted los atiende directamente?

-Sí, sí, yo estoy en el mostrador. Hay gente que inclusive me
recrimina que cómo un cónsul está dando números. Trato de tener un
contacto directo con la gente, sobre todo en esta primera etapa, donde
se está formando y se está entrenando al personal que va a atender
personalizadamente a los compatriotas. El cónsul tiene que estar
presente en la atención al publico porque podrá haber trámites
estandarizados pero también habrá otros totalmente atípicos que
requieren del cónsul para saber cómo enfocarlo desde el punto de vista
jurídico.

«Medidas oportunas»

-Los permisos de residencia en Canarias suponen sólo el 5,5 por
ciento de toda España, ¿qué le parece que Coalición Canaria, en el
Gobierno autonómico, abogue por rebajar ese porcentaje?

-Pues no me atrevería a emitir una opinión. Entiendo que el punto de
vista de las autoridades sea el de fijar políticas en materia
inmigratoria. Creo que es lógico que toda autoridad fije sus políticas
en la materia y esto pasa, y lo digo como alguien al que le gusta el
tema migratorio no como cónsul, por acuerdos y políticas coherentes,
que traten de transparentar estas situaciones.

-¿Entiende usted que Canarias, como un territorio limitado con recursos escasos, no puede soportar tal presión demográfica?

-Sí, sí, está claro, pero yo he visto que han tomado medidas muy
oportunas. Se han abierto embajadas en África, se han hecho acuerdos
con países subsaharianos, se han firmado acuerdos para controles en el
mar, de colaboración con esos países en vías de desarrollo… Se ha
hecho un conjunto de acciones que antes no estaban previstas, con miras
a mejorar el control de las mafias del tráfico de inmigrantes. Se han
tomado medidas que han sido positivas. Claro que no todas pueden tener
efectos inmediatos. La inmigración a veces es imparable, no la para una
barrera, una frontera o una zanja.

-El Ejecutivo central llevó a cabo hace unos años un proceso de regularización.

-Pues si me atengo a nuestra colonia, que se regularizaron unos
24.000 argentinos, creo que fue positiva, porque en definitiva fue
transparentar una realidad sociológica que estaba ahí. Creo que
normalmente el problema que se plantea en este aspecto es si hay efecto
llamada o no. Yo creo que no, que lo que hay es efecto espantada, es
decir, si uno en determinada hora pico, en un país cualquiera está
viendo «Falcon Crest» o «Dinastía» y dice ¡caramba!, si ahí se vive
como en estas series, o las películas. Yo creo que el efecto llamada lo
provoca ese tipo de cultura globalizada, donde uno ve que en el primer
mundo viven como viven y que si además llegan tienen trabajo. Porque la
gente no pide limosna, logra trabajos donde la gente local no los
quiere. Así que realmente no sé si existe el efecto llamada, para mí
existe el efecto exclusión o desbandada desde el origen.

-La solución no pasaría entonces por cerrar las fronteras sino por mejorar la estancia en los países.

-Sí, esto lo digo a nivel personal, no como cónsul, sino como
estudioso del tema. Yo creo que de alguna manera ponerle coto a la
inmigración irregular, al tráfico de personas, pasa fundamentalmente
por un mejor y mayor desarrollo en los países de origen. Yo creo que la
gente, salvo por escasas razones como estudios, emigra porque quiere,
pero normalmente no lo hace por gusto, sino porque sus condiciones en
el país de origen suelen ser complicadas.

-Canarias recibe, grosso modo, dos tipos de inmigración, la que llega en cayuco y la que llega en avión, ¿en qué se diferencian?

-Yo creo que la inmigración para empezar debe ser legal, debe ser
una inmigración organizada desde el punto de vista de que todo
inmigrante aporta su documentación, su identidad, eso es fundamental,
el respeto a la ley y a la legislación son claves. De otra manera, a lo
que se tiende es al tráfico ilícito de personas y a todas las
consecuencias que sabemos. Respecto a la pregunta que me hace de la
diferencia, yo creo que son evidentes al tratarse de dos realidades
diferentes. Creo que la gente que llega en avión viene mayoritariamente
de América Latina, con nexos culturales muy cercanos, idiomáticos,
religiosos, históricos. Y la inmigración procedente de África responde
a otra realidad.

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2 comentarios en “Entrevista al Cónsul de Argentina en Canarias
  1. Ivana Paula Farras dice:

    Tengo 25 años, abuela materna española con ciudadania española y argentina, mi madre argentina con doble ciudadania y mi hermana argentina de 23 años con doble ciudadania. Mi hermana pudo tramitar su nacionalidad debido a que hace unos 2 o 3 años atras habia una ley q permitia a los nietos de españoles menores de 21 años pudieran realizar el tramite, yo por mi edad no pude realizarla y tengo el interes de hacerlo, ya q ellas pueden viajar con total tranquilidad y hasta trabajar y para mi es una total complicacion. ¿¿Que puedo hacer??

  2. german dice:

    quiero obtener un contrato de trabajo para poder llevarme a mi hijo que tiene 10 años por cumplir en septiembre y es una promesa en el futbol,desafortunamente en colombia no hay ese apoyo a los jovenes talentos,gracias

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