el caminante (IV)


El cuarto capítulo de “el caminante” ha llegado a nuestra redacción. Puedes leer el resto de los capítulos haciendo click aquí.

BARCELONA MARZO 2008
(ESPAÑA)

EL CAMINANTE (IV)
(La historia de Nuria)

Hoy quiero aprovechar la ocasión para, agradecer infinitamente a las personas encargadas de parainmigrantes.com, por tener la amabilidad de ceder este espacio, a personas, quienes al igual que este humilde servidor, pueden compartir reflexiones e inquietudes con sus semejantes.
También agradezco con toda la humildad que poseo a quienes leen, comentan y estimulan mi escritura, y por ultimo, a quienes me inspiran en mi día a día, y me hacen creer que al final todos juntos hacemos una “patria grande”.
Seguidamente, pienso cumplir mi promesa de contarles aquí y ahora, una historia fascinante, plena de vicisitudes y fortaleza ante las adversidades de la vida, una historia que nos habla de la condición humana y sus reglas de existencia.
En principio para poder entender la trascendencia de esta historia debemos situarnos, en una época y en un lugar de España que define y conlleva a imaginar lo que para esta persona significaron los hechos que marcaron su destino.
Nuria, vio la luz del mundo en la Cataluña de finales de los años cuarenta, desde su nacimiento ya se vislumbraba como una persona especial, su infancia y juventud estuvieron enmarcadas por su esbelta figura y su pudiente apellido, sus ojos inspiraban a los mozuelos de la época y ella se daba el lujo de escoger a quien dirigir sus sonrisas. No fueron pocos los apuestos jóvenes que pretendían el cariño de tan distinguida damisela.
Pero como siempre sucede, solo uno resulta ser el afortunado vencedor en las batallas del corazón, así fue como un día la Nuria, conoció al hombre que cambiaria su vida para siempre.
Alto, apuesto, gallardo, distinguido, son solo algunos de los adjetivos atribuidos a este joven catalán, quien cursaba estudios como cadete de una escuela militar en Texas, Estados Unidos, y quien logró no sin pocos esfuerzos llevar a su amada ante el altar para jurarse mutuamente amor eterno.
Era fácil entonces adivinar el futuro de los recién casados; éxito, fortuna, prestigio, grandeza…
Así, con estos antecedentes llegaron un día a Venezuela Nuria y su esposo, para establecer allí una empresa de construcción que habían fundado con el patrimonio familiar de ambos, y que les situaría en pocos años en la cima de la sociedad venezolana e internacional, ya que debido a las múltiples negociaciones del “consorcio”, Vivian constantemente viajando a reuniones empresariales en distintos países del mundo.
De esta manera, podíamos ver a la Nuria, presidiendo un cóctel para las damas mas encopetadas del jet set venezolano, o acompañando a su esposo en un almuerzo con empresarios petroleros en New York, o bien representando a la empresa en actos públicos de inauguración de obras, al lado de importantes personalidades del sector político venezolano, o de cualquier otro país donde la multinacional constructora de la familia tuviese inherencia.
Es fácil imaginar a Nuria, vestida por diseñadores de renombre internacional, comiendo en los mejores restaurantes del mundo, adornada con costosas joyas, e intimando con esposas de banqueros, empresarios, políticos, y prósperos hombres de negocios de todo el mundo. Y que decir del hogar de Nuria, una exhuberante mansión de tres plantas, ubicada en la mejor zona residencial de Maracaibo, en Venezuela, en la que trabajaban según sus propias palabras, seis empleadas domesticas, un jardinero y un chofer particular, eso sin mencionar a todo el personal de la constructora, que estaba también a disposición de la familia en caso de ser requeridos.
No debo olvidarme de ninguna manera del avión particular del que disponía la familia en un hangar del aeropuerto internacional La Chinita de Maracaibo, en el cual iban periódicamente a Aruba, Curazao, o Miami, de compras o de negocios según fuese el caso.
En fin, millonaria, rica, glamorosa, famosa, y mucho mas, así era Nuria, mi amiga, esa señora que ha despertado mi admiración y mi respeto, no solo por saber como vivió, si no también por saber como hizo para seguir viviendo a pesar de la dura prueba que le puso el destino.
Cuenta la Nuria, que “un buen día de esos,” en los que se había preparado para asistir a un cóctel con las amigas del country club, llegaron a su mansión unos señores vestidos de negro, como unas sombras macabras de malos augurios, y sin mediar muchas palabras le estamparon un papel en la cara en el que apenas pudo leer con claridad la palabra embargo antes de que los ojos se le llenaran de lagrimas, y acto seguido sin darle tiempo a recuperarse de la impresión le ordenaron que recogiera la ropa que pudiese porque desde ese mismo momento tendrían ella y sus hijos que abandonar la mansión, e incluso uno de esos hombres vestidos de negro, le arrebato sin el mayor indicio de delicadeza ni remordimiento las llaves de su Cadillac rosado del setenta y ocho, sin darle tiempo siquiera a quedarse con el llavero de oro, incrustaciones de granate y sus iniciales grabadas en plata que le habían regalado por su cumpleaños.
Pobre Nuria, en un momento su carroza se le convirtió en calabaza, y lo peor era que en este caso el príncipe no podía hacer mucho por ella, ya que para el las cosas no estaban para nada mejor, y por el contrario le tocaba la peor parte de toda esta pesadilla de hadas.
Así detalles mas detalles menos, a medida que a Nuria se le fueron acabando las amigas y los amigos, fue asimilando de apoco la resignación que sucede en estos casos, a la rabia y la impotencia, pero eso si, sin abandonar nunca la clase ni el glamour que hacían de ella un ser único e indoblegable.
Emigro Nuria a USA, donde vivió un tiempo buscando una nueva oportunidad para luchar contra la adversidad, ahí se estuvo una buena parte de su vida, pero al final cansada y algo resentida de salud volvió España, a sus orígenes, en busca quizás de un poco de cariño que aliviara tanto sufrimiento y tanto desgaste por la lucha constante, aquí en España es donde he tenido el placer de conocerle, aquí de vuelta donde todo empezó hace ya tantos años que prefiere no recordar,
Hace poco la visite en el hospital, esta convaleciente de una operación de cálculos o algo así, pero yo creo que mas que la operación lo que le aqueja a Nuria es sentirse por primera vez en toda su vida, una mujer que depende de los demás cuando siempre ha sido ella quien ha dirigido y cuidado a toda su familia incluso en los peores momentos, incluso aun después de todo lo pasado.
Nuria, no pierde el norte y sigue adelante, ahora ella trabaja para una señora millonaria que necesita cuidados especiales y todos sabemos que no es nada fácil, cuidar a alguien cuando tu mismo, después de haber dado tanto de ti, sientes que mereces que alguien se tome la delicadeza de cuidarte a ti. Pero la Nuria, entre una taza de te y otra seguro estoy, le dará algún consejillo a esta señora sobre cual es el significado de la verdadera riqueza, seguro le dirá que existen dos fortunas en el mundo; una la de afuera, la material, la efímera y postiza y otra la de adentro, la de verdad la permanente, y ella la Nuria las conoce bien a ambas, y solo ella sabe por cual de las dos vale la pena luchar y vivir.

P.D. vivir es como leer…!un libro desconocido!

(Carlos Alvarado. Venezuela)
(Periodista: CNP: 14.430)
E mail: [email protected]


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Un comentario en “el caminante (IV)
  1. gloria g, colombiana dice:

    pues no dejas de sorprendernos carlos… la vida es tenaz. Si.. la verdadera riqueza esta en nuestro interior y en las personas que amamos, en las cosas simples de la vida.

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