NATALIA ARAGUÁS
BARCELONA. Después de respirar hondo y partir, surcar los mares, abrirse camino en un entorno hostil y estar aquí para contarlo, no abundan los inmigrantes dispuestos a regresar. Hoy por hoy los que vuelven no representan un porcentaje significativo, suelen ser irregulares y haber llegado al límite en su experiencia.
En la actualidad, en España viven 4.192.835 extranjeros con tarjeta o permiso de residencia. El año pasado se acogieron a planes de retorno voluntario un total de 1.184, algunos más que en el año 2006, cuando fueron 958, según datos facilitados por el Ministerio de Trabajo e Inmigración. En Cataluña, un total de 142 volvieron a casa con el plan Previcat, puesto en marcha en el 2007 por la Secretaria de Inmigración. Antes de su existencia, en el año 2006, fueron 48.
«La gente es muy reacia a volver a sus países aunque lo estén pasando muy mal», resume Marusa de la Rocha, responsable del servicio de Inmigrantes y Refugiados de Cruz Roja. Se trata de una de las ONGs que gestionan el programa de retorno voluntario del gobierno español: Cáritas, Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Asociación Comisión Católica Española de Migración (ACCEM) o Rescate son otras.
Perfil del solicitante De acuerdo con su experiencia, De la Rocha define al solicitante de retorno como una persona que «no ha logrado llevar a cabo su proyecto migratorio ni acceder a la documentación para trabajar de forma regular». Otros están «enfermos y piden ayuda», también existen algunos con papeles que en un momento determinado se quedan sin trabajo y deciden volver. «Son los menos», advierte. Al igual que los nacionales, perciben la crisis como transitoria.