BARCELONA DICIEMBRE 2008 (ESPAÑA) EL CAMINANTE (VII) (De crisis en crisis) Hola, amigos caminantes, después de tanto tiempo es grato volver a hablarles a través de este espacio, debo decir a manera de excusa, que aún después de casi dos años aquí, no he podido encontrar la manera de compaginar mi oficio de caminante del mundo, con mi oficio de obrero de la construcción, ya que es este último el que permite precisamente permanecer aquí en esta ciudad de España, y, al que en definitiva, debo dedicar especial atención si es que pretendo -como de hecho lo pretendo- sobrevivir un tiempo mas tan lejos de casa.
A manera de resumen puedo decirles, que he pasado por muchas decepciones y malos ratos, pero esto en los tiempos que corren, no es ninguna proeza singular ni especial de la cual deba jactarme, ya que el mundo atraviesa un periodo de locura y recesion que afecta grandemente a todos por igual. Sin embargo, me atrevo a decir que a mi no me cogió de sorpresa la tan mentada crisis, y digo esto último, porque yo ya lo sospechaba antes de venir siquiera, solo que no pensaba que este fenómeno se fuera a producir tan pronto.
Imagino, que alguno de ustedes se preguntaran como es que hago estas afirmaciones que parecieran estar reservadas solo para expertos en la materia de la economía mundial y esas cosas, pero es que en mi caso influye y nunca mejor dicho, una particular circunstancia de origen genético-social, con implicaciones cabalísticas y energéticas, o mejor dicho en palabras coloquiales, tengo la mala suerte como herencia familiar.

«Hay que denunciar». Las mujeres no se cansas de oir esta frase en los medios de comunicación en boca de políticos. Y es así, hay que denunciar, pero el problema es que no todas las mujeres pueden hacerlo. A día de hoy, las inmigrantes que residen en nuestro país y que se encuentran en situación irregular, si sufren malos tratos, no denuncian. Y tienen sus motivos.