En Granadahoy.com podemos leer un interesante texto de José Antonio Montilla sobre la inmigración en España y lo trágico de la entrada. Os lo reproducimos.
¿Se imaginan que en lugar de un cayuco se hubiera hundido cualquier otro barco y los muertos fueran sonrientes turistas, en lugar de tristes inmigrantes? ¿Cuántas imágenes dramáticas hubiéramos visto en televisión?Este es el auténtico problema de la inmigración en España: los seres humanos que están muriendo junto a nuestras costas. En la actualidad, ciudadanos de países pobres son introducidos en España por mafias y los que no mueren en el peligroso viaje ni son devueltos sólo pueden trabajar de forma irregular. Mientras tanto, nos dicen que faltan temporeros en invierno y personal en las zonas costeras durante el verano. ¿Es posible cambiar ese modelo? No es una cuestión de normas. La Ley de Extranjería y el reglamento de 2004 son suficientemente flexibles, con sus contingentes de temporada y el régimen general de contratación, para permitir la llegada de los trabajadores extranjeros que se necesiten. Además, en los últimos años se han firmando acuerdos con los países de origen de los vendedores de películas piratas y las representaciones diplomáticas españolas se han preparado para realizar una labor de intermediación en los procesos de contratación.
Pero falta una concienciación colectiva para afrontar la inmigración de una forma nueva, superando las posiciones tradicionales: ni racismo, ni explotación, ni caridad sino un modelo migratorio en el que, cual si fuera la vendimia francesa, vengan a España para trabajar y regresen a sus países de origen para contribuir a su desarrollo. Únicamente lamentarían el cambio las mafias que trafican con seres humanos, y los que luego los explotan cuando están en España.
