Por lo menos, para Deise.
El pasado domingo, dÃa 22, mi hija estaba nerviosa, pendiente de tener noticias de la prima de su novio, Deise. Mi hija habÃa colaborado en las gestiones del viaje de Deise. Tiene experiencia en ese mundo inexpugnable y desolador de “los papeles” .Deise llegaba ese dÃa a Madrid, procedente de Brasil, para visitar a su primo y conocer la isla donde vive. Ella es de Salvador de BahÃa, es una chica de 25 años, soltera y con trabajo estable en su paÃs (algo que acreditó) VenÃa de vacaciones a Menorca durante15 dÃas.
VenÃa como turista, no como inmigrante.
Más tarde, esos nervios se convirtieron en llanto, en rabia, en impotencia, en indignación…
Deise habÃa sido retenida en algún habitáculo (limbo) del aeropuerto de Madrid. Como si fuera una criminal, sólo se le permitió hacer una llamada.
No se la dejó entrar en el paÃs, por un pequeño matiz de “los papeles”.
Ella sólo pretendÃa visitar a su familiar y disfrutar de unos dÃas de vacaciones.
En cambio, tuvo la amarga experiencia de tener que estar 48 horas en un lugar indeterminado, casi incomunicada, sin poder dormir … aunque sin “sufrir mal trato”, hasta que fue deportada a su paÃs de origen.
El funcionario de aduanas, habÃa interpretado que tenÃa ante sà a una inmigrante ilegal en potencia. No vio a la turista.
Hasta aquà la descripción humana, personal, de los hechos.
La motivación de este suceso es polÃtica, evidentemente. Supongo que existen instrucciones claras para que el departamento de inmigración correspondiente, realice unos filtros muy estrictos con el fin de reducir la entrada de inmigrantes ilegales en España. También es de suponer que esta situación viene favorecida por la presión que ejerce la Comunidad Europea sobre España, por el mismo motivo.
Nuestra normativa al respecto, exige que toda persona procedente de la mayorÃa de paÃses no Europeos, que viaje a España, aunque sea de vacaciones, debe obtener una carta de invitación -que expide la policÃa española- y demostrar que cuenta con dinero suficiente para poder vivir en España, durante el tiempo de su estancia en nuestro paÃs. Algo que no se le exige a cualquier europeo. Pero lo más grave es que nuestra legislación permite al funcionario correspondiente, tomar la decisión que crea oportuna, interpretar esa normativa, decidir si deporta a la persona que tiene delante, aunque sea turista, sin que nadie pueda objetar nada. Se convierte en juez y parte.
Lo que ocurrió el domingo con Deise, desde el punto de vista administrativo, fue algo legal.
Desde el punto de vista, humano, la cosa cambia mucho. Personalmente, creo que es inmoral que se permitan esas situaciones. Uno se estremece sólo con pensar en las arbitrariedades que, potencialmente, este tipo de situaciones pueden provocar.
¿Cómo nos sentirÃamos nosotros, cualquier español de a pie, si nos ocurriera algo parecido?
Mi propia hija ha viajado tres veces a Brasil, en los dos últimos años y no ha tenido ningún problema para entrar en ese paÃs.
La pregunta más adecuada es ¿sabÃamos que esta situación se da con mucha frecuencia? ¿Que nuestra legislación confiere tanto poder al empleado de aduanas? ¿sabÃamos que no se puede venir de vacaciones a España, si no eres europeo, sin un documento que debe expedir previamente la policÃa española?
En el caso de Deise, ese empleado estaba a punto de poner el sello de entrada en su pasaporte y, en el último momento, cambió de idea.
¿Podemos imaginarnos cómo nos sentirÃamos si se nos dice que podemos viajar a España porque tenemos la documentación correspondiente y luego somos tratados casi como delincuentes?
Es lo que le pasó a Deise.
Personalmente, aparte de las reflexiones realizadas en voz alta anteriormente, creo del todo necesario clarificar las normativas internacionales existentes que eviten situaciones como la descrita.
Nuestro paÃs es un paÃs democrático, respetuoso de los Derechos Humanos y de todos los tratados Internacionales vigentes. Me siento a gusto siendo español, de Menorca. Pero lo que está ocurriendo en nuestras aduanas, con la gente que viaja a España -como lo ocurrido con Deise- es algo inaceptable, me hace sentir muy incómodo, por decirlo de alguna forma. Es algo que todos deberÃamos conocer y denunciar para que cambie.
Existen medios, hay posibilidades para evitar que sigan ocurriendo estas cosas.
Hay que poner voluntad, coordinarse y evitar malentendidos.
Y esto me lleva a una reflexión mucho más amplia.
El problema de fondo, sobre el tema denunciado, es el flujo humano existente hoy dÃa en el mundo. Eso es innegable.
Las normativas internacionales no se deberÃan gestar para impedir esos flujos humanos: son inevitables, mientras el mundo no cambie.
No reconocer esta situación es actuar como la avestruz, que esconde la cabeza…
Esas normativas deberÃan ser consecuencia de una gran consulta Internacional, que buscara las causas y articulara las soluciones de gran calado necesarias.
En la actualidad, estamos en el camino contrario: los paÃses más ricos, cuando se reúnen y debaten sobre esta cuestión, parece que buscan la forma de evitar ese problema, de procurar que no les afecte…
Y eso es inevitable. Este planeta se ha convertido en un mundo muy pequeño. Todo está interrelacionado. Lo que ocurre en un paÃs afecta al conjunto de paÃses. Los problemas deberÃan verse de forma global, para que las soluciones se contemplaran también globalmente.
Se que no estoy diciendo nada nuevo. Es un tema abierto. Pero haber conocido de cerca lo ocurrido con una chica que vive tan lejos, me ha hecho caer en la cuenta de que todos, en alguna medida, debemos contribuir a ese debate.
Siento que es responsabilidad común, trabajar para que las cosas cambien. Y cuando digo esto no me mueve un sentimiento únicamente altruista o idealista. Es que creo que estamos llegando a un momento crucial de la Historia en que toda persona debe reconocer su parte de responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa, ya sea por acción u omisión consciente, directa o indirectamente, como particular o como responsable polÃtico, a través de la sociedad civil o directamente desde los gobiernos.
En última instancia, deberemos aceptar que somos ciudadanos del mundo y actuar de forma unida para resolver los problemas comunes.
Climent Sabater Rotger
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Junio de 2008
